Nota de Opinión por : Carlos Lionel Traboulsi

LA VIDA TE DA SORPRESAS

Por Carlos Lionel Traboulsi

Cuando el 10 de diciembre de 2019 hubo recambio de gobierno nos encontramos con relatos sobre la descripción del pasado enervado por el toque interesado ideológico y una épica de como trabajarían para terminar con los pobres, la falta de trabajo, el estancamiento de las empresas, la ausencia de inversiones para desarrollar nuestra industria y conocimiento; como se terminaría con la especulación cambiaría, con el atropello de la banca especuladora, contra los aumentos injustificados de precios, en fin un gobierno que demostraba una impronta de venir a sentar en la mesa del progreso a los que menos tienen y que han quedado fuera de toda política de los últimos años.

Lo cierto que nunca pudo esbozarse siquiera un programa de gobierno, solo destacándose como política de estado el trabajo contra el hambre que por desgracia tampoco dio resultados positivos visibles. Frente a esta situación de ausencia de ideas aparece la epidemia, luego declarada pandemia por la OMS del COVID19 y como por arte de magia el gobierno empezó a lograr sobre la base del miedo la diagramación de un proyecto de país que no sabemos si estaba latente pero que por su audacia no había sido difundido o frente a las circunstancias, el ala más extrema de los K en el gobierno, empezaron a empujar para su concreción.

Es así que el Ejecutivo nacional empieza a concentrar poder delegado por los ejecutivos provinciales y en forma inexplicable por la Legislatura nacional y el Poder Judicial quienes entraron en etapa prácticamente de inacción. El país empezó a funcionar por Decretos de Necesidad y Urgencia que apuntan a la consolidación del sector cautivo del peronismo que son los marginados y pobres dependientes del estado, aumentando los subsidios y ayudas económicas y alimenticias en millones de beneficiarios.

Por otro lado, si bien se fueron haciendo anuncios, lo cierto es que la industria y el comercio no han sido beneficiados, solamente algún espejito de color perdido se les ha mostrado. Esto ha significado en la práctica que nuestra matriz industrial y comercial esté en estos momentos en una situación de zozobra donde muchas desaparecerán antes o inmediatamente después de terminado el aislamiento social obligatorio. Ningún poder del estado renuncio a cobrar tasas, contribuciones o impuestos, todos siguen de la misma manera mostrando su voracidad. La banca continúa con su ausencia de ayuda masiva a las PYMES y asfixiando con sus usureros intereses. El sistema financiero no ha tenido piedad ni durante esta pandemia, siguiendo con tasas exorbitantes y reclamos de pago a los usuarios de las distintas herramientas financieras y de créditos (tarjetas y demás instrumentos). El aislamiento social obligatorio cada vez más sacó de escena a cuentapropistas, monotributistas y autónomos, quienes no han tenido una sola muestra de condescendencia hacia ellos.

En definitiva se va consolidando un proyecto de país donde muchos pobres reclaman lo que por derecho les corresponde y la clase media va dejando de existir como tal, alejándose los extremos dentro de ella hacia los que son ricos directamente y los que, como se dice comúnmente a partir de ahora la “apechugan”. A esos ricos hay que exprimirlos y sacarle todo lo que se pueda para que dejen de ser ricos y terminar con la especulación. No es parte de una reforma tributaria sino de un proyecto de país no escrito pero bien estudiado.

Frente a esta situación de encierro y pauperización de los bolsillos argentinos, el gobierno toma la única medida que tenía proyectada que es declarar el default (aunque técnicamente hay tiempo todavía para que ello no suceda). La única carta de triunfo para que el default no suceda es que los acreedores acepten lisa y llanamente la propuesta Argentina. Ojala que así sea, pero es muy difícil. Si el default se concreta es claro que junto con todo lo anterior será un cóctel terrible de sufrimiento para nuestro pueblo donde solo la podrán llevar adelante quienes sigan viviendo del estado, siendo el mejor empleo el empleo público o estar dentro del sistema asistencial.

Los tejidos de contención desaparecerán ya que los gremios cada vez tendrán menos fuerza laboral que los respalden creciendo el poder estatal, incluso con la idea de estatización de bienes, servicios y empresas; y la familia gracias a la ideología de género perderá definitivamente su impronta siendo nuestros hijos militarizados en la idea de comunitarismo materialista.

Ahora a este proyecto, le falta la parte represiva para que la gente terminada la cuarentena, a pesar que el miedo seguirá y eso dará algunos meses más para que no haya movilizaciones importantes, pueda ser acallada en sus reclamos. Que mejor forma de empezar a crear nuevas formas de terror que ya están instaladas en la conciencia de todos los argentinos en una situación de caos. Si, la mejor forma de lograr ello es abrir la cárceles de todo el país y con los delincuentes en la calle y el comienzo de la troperías la gente no querrá salir de sus casas y reclamará “mano dura” al gobierno quien en forma paternalista asumirá el compromiso de terminar con ese caos auto creado y aplicará el rigor de la ley, pero contra jueces que no cumplan sus órdenes y contra quienes levantemos nuestras voces de quejas, sirviendo esa mano rescata de las cárceles también como “maras comunitarias”. Muestra de ello es el ya en funcionamiento cyberpatrullaje que la ministra de seguridad anunció recientemente y el control de una buena parte de los medios de comunicación que solo trasmiten el relato oficial.

Que nos queda por consuelo, nada, ni siquiera espiritualmente podemos encontrar una voz presencial ya que se nos impide practicar el culto, salvo por medios informáticos.

Hay esperanza? Seguro que sí. La vida nos da sorpresa, pero esas sorpresas dependen de nuestro compromiso y de nuestra lucha. No debemos abandonar nuestra concepción de nación ni nuestra construcción de Patria y rechazar cualquier intento de querernos cambiar nuestra idiosincrasia. Argentina es clase media, es respeto por los pobres y una política de ascenso social permanente basado en el trabajo y la educación, como así en la integración de toda su gente; es respeto de la dignidad de la persona humana. Es una tierra de paz y bonanza que tenemos que recuperar, solo empezando con cumplir la Constitución Nacional y terminar con la corrupción de nuestra clase dirigencial. No queremos ser Venezuela ni ningún país comunista. Un proyecto de país que nos caracterice por no ser ni yanquis ni marxistas, integrado a Latinoamérica siendo parte de la globalización, como se solía decir pero que han, parece, olvidado, es posible. Si estás de acuerdo no te rindas.

*abogado, diplomado en relaciones internacionales, Presidente del Observatorio de la Familia “Juan Pablo II”, Secretario General Partido Demócrata Cristiano CABA

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